domingo, 23 de marzo de 2014

Bendición de estandarte

Esta noche, en el trascurso de la Misa de Regla de nuestra cofradía, ha tenido lugar la bendición de nuestro nuevo estandarte corporativo, realizada por el Rvdo. Sr. D. Alfonso Rodriguez Ortega.



El estandarte es un diseño realizado por Antonio Luis Cosano y que se elaborado por los acreditados talleres Meryan de Córdoba, que desde mediados del siglo pasado recuperaron el inmemorial, tradicional y cordobés arte del guadamecí. La insignia bendecida hoy, es su primer trabajo de estas características a pesar de la ya dilatada trayectoria de los maestros artesanos cordobeses.


Tras finalizar el acto, un grupo de hermanos de la cofradía posan junto a la insignia bendecida esta noche. 







miércoles, 19 de marzo de 2014

Via crucis

VIA CRUCIS

Realizado  por la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la madrugada del sábado santo de 2012


PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 Lectura del Evangelio según san Juan 18, 38b-40
Y dicho esto, [Pilato] salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?». Volvieron a gritar: «A ese no, a Barrabás». El tal Barrabás era un bandido.
No tengo palabras que decirte... Serían inútiles y me asusta lastimarte de nuevo. Voy a conde­narme yo mismo contigo, pues sólo quien acepta la sentencia que Tú sufriste obtendrá la gracia de seguir tus huellas, de morir a sí mismo y contigo, de resu­citar en Ti.
Fuiste condenado a muerte para que aprendiéra­mos a aceptar nuestro destino. Enséñanos a seguir­te, a no apartarnos un momento de tu senda, a morir poco a poco a tu lado.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 16-17
Entonces [Pilato] se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera».
Sea mi cruz la que Tú me escogiste. Quiero reci­birla de tus manos, que me darán también fuer­za para sostenerla, júbilo para ocultarla y amor pa­ra sonreír bajo su peso, como si llevase en mis hom­bros un rosal perfumado.
No temo el dolor, porque Tú vas delante de mi. Tus pies liman las asperezas del camino y señalan el atajo por donde Tú pasaste, la ruta inefable que te condujo a la gloria del Padre y que dejaste abierta pa­ra todos. ¡Sea nuestra cruz, Señor, la que Tú has dis­puesto!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Mateo 11, 28-30
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Qué piedra te detiene? ¿Qué obstáculo te hace tropezar a Ti, decidido a apurar el cáliz hasta la ultima hez? Caíste abrumado por un
peso más grande que el de esa cruz, un peso agobiante, im­placable. Toda la Humanidad sobre tus hombros frágiles, consumiéndolos, despojándolos de su energía.
Y hay un momento en que la tierra áspera es un alivio para tus sienes que laten descompasadas; un momento en que el polvo, más compasivo que los hombres, restaña tu sudor y tu sangre.
Aquel suelo agrietado debió de esponjarse dul­cemente al recibirte, soñando ser, para Ti, una mu­llida y fragante pradera.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su Madre
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 25
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Tu llanto silencioso cae lentamente, apretada­mente —grueso rocío nocturno, sin revolar de pájaros ni temblor de frondas—, lágrima desespera­da porque sabe que se romperá sin remedio sobre unas rocas áridas, y que no va a florecer...
No puedes acunar tu dolor con sueños, ni con ilusiones. Conoces el fin hasta su terror último y vas a él, te ofreces a él, vulnerable, desnuda, echando el apoyo pueril del clamor, del grito, de la compasión ajena. Y entre lágrima y lágrima tienes los ojos secos, ardientes, encendidos por una llama que te obliga a mirar, a desgarrarte y sufrir.
Hay quien habla de tus siete dolores. ¿Qué sa­ben ellos? Eres todo el dolor, la suprema amargu­ra, eres el Amor que sabe compartir, compadecer y

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Lucas 23, 26
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
¿Hay acaso alguna cruz que pueda llevarse a medias? El leño que no pesa, el que no in­crusta sus aristas profundamente en los hombros, el que no lastima el cuerpo y el alma hasta en las vetas más hondas, no merece el nombre de cruz. Por eso yo sé muy bien que si aceptaste aquel ade­mán no fue por Ti, fue sólo por nosotros. Para ayudarnos dándonos el júbilo inmenso de querer ayudarte...
Y si nos tiendes la cruz no es porque no puedas con ella; es, al contrario, porque sólo seremos ca­paces de sostenerla si nos viene de tus manos, si la re­cibimos como una prenda inefable de tu amor y del nuestro... Trueque de cruces. Nupcias tuyas, nues­tras, con el dolor.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6
Pues el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.
Quisiera mirarte en silencio y hora tras hora, in­cansablemente, absorbiendo en mí la luz y la re dad de tu rostro. Mirarte sin que nada interrumpa mi contemplación, ni una idea, ni un sentimiento...
Sin que ninguna imagen que no seas Tú ocupe el paisaje de mi mente.
Enjugarte el dolor sin un solo gesto, con el ansia de mi corazón enamorado, con la pureza de mi deseo que no se atreve a buscar su expresión para que ni si­quiera un hálito lo empañe...
Grabarte en mí como un espejo para que todo lo que no seas Tú resbale sobre tu imagen y se desva­nezca. Para que solo Tú quedes victorioso en mí.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 24
Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados.
Caíste de nuevo como un tronco al que no pudo abatir el leñador de un pnmer golpe. Te veo en tierra y me invade, junto a una piedad infinita, una confianza inefable que hace reposar de dulzura mi corazón.
Al contemplarte siento que, aunque yo caiga otra vez, mil veces, Tú estarás a mi lado y que, con tu auxilio, podré levantarme siempre, alzar los ojos a Ti y, al encontrar los tuyos, bañarme en sus pupilas, dejar en ellas el polvo del camino, recobrar la anti­gua pureza, renacer amparada por tu misericordia, por tu paciencia, acogerme a esa mansedumbre que nos rinde a tus plantas y nos entrega a Ti sin remedio.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén que lloran por él
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 

Lectura del Evangelio según san Lucas 23, 27 – 28
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos».
Que el otoño no siegue nuestras hojas, Señor! Queremos ser, como Tú, leña verde, fragante, derramando savia. Que el hacha del sufrimiento, al desgajarnos, se impregne de aromas. Danos a rau­dales la vida de tu gracia, para que no escuchemos ja­más de tus labios la maldición de la higuera.
¿Y qué fruto puede brotar de nuestras ramas sin tu ayuda y apoyo? Haz que lloremos por Ti hacia adentro, sin lágrimas, con un dolor verdadero que trascienda a todos nuestros actos y nos redima de llorar más tarde sobre la propia muerte.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Lucas 22, 28-30a.
«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino».
Sólo te faltan unos pasos, muy pocos... Pero, ¿quién no desfallece al último momento, cuando todo en nuestro mundo parece inmovilizarse, con­centrándose en torno del sacrificio? Ya no hay ma­nera de volver atrás, de poseer nuevamente aquello a lo que se ha renunciado.
El universo entero retrocede, nos abandona. Es­tamos solos a orillas de algo implacable, descono­cido, cruel; y antes de ofrecernos, de dejarnos de­vorar voluntariamente, lanzamos un postrer clamor.
Pero Tú no gritas, no protestas. La ofrenda viva de tu cuerpo se ha consumado ya, y permaneces en tierra, vacío de Ti mismo, dispuesto a no ser para que nosotros seamos, a abrirnos la senda de la re­cuperación y el amor.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 23
Los soldados... cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo.
Algo ampara tu desnudez de la violencia... Te yergues sobre todos como un rayo de luz, como un haz intacto de secretos resplando­res. Tu pureza irradia su blancura entre la su­ciedad, la traición, las mezquindades. Te alzas como una antorcha alumbrando la senda para los que quieren aún seguirte. Y entre tantos ros­tros que deforman la ira, el odio o la codicia, eres, indefenso, salpicado de injurias, el único signo de paz. ¡Blancura de tu frente ensangren­tada, de tu cuerpo herido! Límpianos, Señor. con tu mirada, purifica hasta el último rincón de nuestras mentes, grábate en ellas, desnudo, si­lencioso, intocado...

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 18-22
Lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
¡Clávanos en la cruz de tu voluntad! Un clavo pa­ra cada sentido, cada pasión, cada deseo... ¡ Si supiéramos tendernos inmóviles sobre ese lecho donde Tú te tendiste, abriendo los brazos en un ade­mán de amor absoluto...!
Pero siempre frustramos tu generosidad con nues­tra obligación o nuestras inquietudes. Queremos amarte a nuestro modo, sufrir a nuestro gusto, como si el dolor y la propia satisfacción fueran compati­bles... Como si Tú hubieras elegido... Ofreciste al verdugo tus pies, tus manos, todo tu cuerpo y, pri­mero que nada, tu Coraron...
¿Pues qué valen todos los martirios si el co­razón se escuda y esquiva? Que el primer mar­tillazo nos caiga en mitad del pecho derribán­donos sin piedad, totalmente. Rendirse a tu mer­ced es rendirte, hacernos tuyos, para que seas nuestro.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Mateo 27, 45-46
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:«Elí, Elí, lemá sabaktaní» (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
Muerte victoriosa la tuya. Pero el triunfo de­rramado en tus venas se ocultaba celosa­mente, y para los que te vieron eras sólo un des­pojo humano, unos restos inútiles... Dios sin vida para hacemos vivir. Dejaste de alentar para infun­dirnos aliento.
Te sometiste al abandono, a la traición, al de­samparo, para que cifremos nuestra dicha en sen­tirnos abandonados, traicionados, desvalidos. Y nuestra desconfianza es tan grande que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la po­sibilidad de morir.
No olvidemos que, en tu muerte, nos abriste las puertas de Ti mismo y la mansión de tu amor.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 38
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Era tu carne, tu sangre deshecha, martirizada; tu vida y la de Dios; tu gloria y la del cielo. Y de to­do solamente quedaba en tus brazos un cadáver mal­trecho, una frialdad incontenible que te iba inva­diendo inexorablemente.
Y en ese momento concedido a las tinieblas em­pezabas a ser nuestra Madre, a cobijamos en el regazo de tu dolor. Y por eso tus lágrimas no acabarían de caer nunca. Se te cuajaron al presentir que te necesi­tábamos, que no dejarías nunca de ser Madre, que tu maternidad prodigiosa se ensanchaba, floreciéndote nuevamente los senos, ¡oh redentora de los redimidos!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro
 V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según san Juan 19, 41-42
Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Y nos llamas ahora desde esa piedra que te ciñe, aislándote por un breve plazo de todo. Porque para resucitar contigo hay que sepultarse primero, en­terrar hondo los gritos de la carne, seguirte en tu pa­sión y hasta tu muerte.
Y saber que estás ahí aunque no te sienta, aunque nos falte tu sombra, tu contigüidad, tu recuerdo. Danos la fe que resiste a todas las tentaciones, que no se quebranta aunque el mundo entero se alce contra ella, esa fe que surca los mares y traspasa los mon­tes, porque sabe muy bien que, al marcharte, per­maneciste entre nosotros...


Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

domingo, 9 de marzo de 2014

Presentación del cartel 2014

Estas son algunas de las fotos del acto de presentación del cartel de Semana Santa de Fernán Núñez 2014.
En la foto aparecen la alcaldesa de Fernán Núñez, Dª Elena Ruiz, el Párroco D. Ángel Lara, Nuestro Hermano Mayor, D. Francisco Fernández, el presidente de la Agrupación de Cofradías, D. Emilio Muñoz, el autor del cartel, D. Antonio Luis Cosano y el concejal de Cultura, D. Alfonso Tejederas.






En las fotos de abajo posan junto al cartel y junto a nuestro titular algunos de los miembros de la junta de gobierno.





miércoles, 5 de marzo de 2014

Presentación del cartel de Semana Santa 2014


Esta noche ha sido presentado el cartel de Semana Santa de Fernán Núñez 2014.
La imagen del cartel corresponde a Nuestro Titular, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y el autor del cartel es Antonio Luis Cosano.
Representa al Cristo desde su derecha, hacia donde vuelve la cabeza, recogiendo el otro perfil en un primer plano que se desvanece en el fondo. A los pies aparecen dos imágenes simbólicas como son el incensario en representación de la purificación y expiación de nuestras culpas por Jesús en la cruz, y la calavera, que rememora a la calavera de Adán o el monte de la Calavera (calvario) siendo también este último el principal distintivo de la cofradía.


lunes, 3 de marzo de 2014

Miércoles de Ceniza 2014


El próximo miércoles, día 5 de marzo celebramos el Miércoles de Ceniza que marcará el inicio de la Cuaresma. La Cuaresma (40 días previos a la Semana Santa) es un tiempo de conversión y preparación a la pasión, muerte y resurreción de Nuestro Señor.

Con este motivo tendrá lugar en nuestra sede canónica, la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas la Solemne Eucaristía en la que se impondrá la ceniza a los asistentes, el próximo miércoles.

Al finalizar la misa tendrá lugar la presentación oficial del cartel de la Semana Santa de Fernán Núñez 2014 y que este año corresponde a una imagen del titular de nuestra cofradía: el Stmo. Cristo de la Buena Muerte.
El cartel ha sido realizado por Antonio Luis Cosano y el próximo miércoles será publicado en este mismo blog.

Como información nos permitimos transcribir de la Enciclopedia Católica las entradas correspondientes al Miércoles de Ceniza y a la Cuaresma en la esperanza que os sirvan de luz y conocimiento en vuestro espíritu cofrade.


"Miércoles de Ceniza
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. 
Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.
Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.
Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.
Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.
Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Imagen extarída de http://www.nocturnar.com/

¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión."
Artículos extraídos de: