viernes, 19 de marzo de 2010

Recorrido



Treemos algunos fragmentos del pregón de Semana Santa, realizado por Antonio Cosano en la Parroquia de Santa Marina de Aguas Santas el pasado domingo día 14 de marzo.


— "Señor: Mira donde me tienes. Quién me lo iba a decir. A mí, que el único mérito que tengo, es ser nazareno tuyo".


El año 1977 comenzó a salir la borriquita, sufragada por la flamante y recién constituida Agrupación de Cofradías, heredera directa de aquello que un día se llamó popularmente la “cooperativa de los santos”.

El miércoles, desde Veracruz salía el Calvario. Cuando pasaba por la calle San Marcos buscaba, un sitio estratégico para hacer alguna foto con la vieja cámara de mi padre.


Aún muy niño, recuerdo a Jesús Caído saliendo alguna vez por la tarde. ¡Como olvidar al Caído de noche por el entonces jardinito del ayuntamiento! ¡Fue único!


Con la Virgen de Los Dolores iba nuestra banda de la OJE, ¿Os acordáis de ella?




Nos os podéis imaginar aquella sensación: la calle toda a oscuras, ese Cristo sin paso, alumbrado por antorchas y mi abuela al lado, en aquella casa cuya entrada siempre estaba llena de carbón, cisco y picón.


Aún de madrugada ya iba de la mano de mi hermano, comiendo apresuradamente un pestiño o magdalena, hacia Santa Marina. Allí me darían una vela y colocarían junto a los demás niños.


Era la misma que por la noche me serviría en el Huerto que entonces salía hacia abajo, calle Calvo Sotelo, Manuel Falcó, Plaza de Alféreces Provisionales… eran los nombres de entonces.


Ya de nazareno, permanece indeleble la imagen de Almenara con el martillo en la mano, o cuando al llegar a la altura de la Caridad, la vieja ermita se abría y María Stma. de la Paz y Esperanza recibía a su hijo en la puerta. Y siempre el tambor, las cadenas y el sonido ronco de la vieja matraca en manos mi padre.


El sábado salía el inmenso cortejo del Santo Entierro con representación de todas las cofradías en un interminable, heterogéneo y colorido desfile.


En tan encomiable labor de apostolado en FN, logró que los jóvenes fundasen bajo sus auspicios la Cofradía de Jesús Resucitado, con aquel Cristo, “el chiquitín”, como algunos cariñosamente le llamábamos.



Comprendí el valor de la túnica. Esa que muchas veces hemos heredado y que tiene el hálito inmaterial que en ella depositaron los que antes que nosotros la vistieron. Recorrer nuestras calles vestido de nazareno me lleva al repaso anual de mi vida y conducta hacia los demás, a la oración y por supuesto, a pedir a ese Dios grande y bueno, encarnado en ese momento en mi Cristo de la Buena Muerte, que me dé valentía para alabarle y fuerza para seguirle.


— ¡Hosanna!
Con nuestra rama de olivo, confirmamos la paz de Dios con los hombres contraída tras el diluvio y con la palma, proclamamos su triunfo sobre el pecado.
— ¡Volvamos a ser niños y revestirnos con su limpieza!


Tan grande es la angustia del momento que se manifiesta en un sudor de sangre que empapa su frente, presagio cierto del infausto destino que le espera.
Muy cerca camina María:
— ¡Dios te Salve, Reina de la Paz, Vida, Dulzura y Esperanza nuestra!


Tu cortejo de capas blancas denota la limpieza de tu culpa, pero el granate capirote de sangre anuncia en la túnica un negro destino.



Aceptemos la sentencia que sufriste para obtener la gracia de seguir tus huellas. Madre del buen consejo, prudentísima y digna de alabanza a tu lado fui también nazareno y desde entonces me sabes cautivo.


Ambos, Señora, gozáis nuevamente de salir extramuros de nuestra villa, cuando el sol quiere adormecerse tras la montesina para no eclipsar la luz que el Santísimo Cristo del Calvario en su Humildad y tu Madre Mía, Reina de los Ángeles y Reina de todas las Vírgenes, desprendéis cada año cuando os acercáis al pueblo.


En un momento pasarás la plaza de Armas, que con su color granate quiere vestirse como otro de tus nazarenos y acompañarte aunque sea un momento. Luego muy pronto, en un suspiro, estarás a la parroquia y entre saetas, tu divino rostro se ocultará del sol hasta el próximo año.


Señora, a pesar de tu serena mirada, siete son los puñales y dolores que rompen tu corazón desde aquella profecía de Simeón hasta sepultura a tu hijo.
Virgen de los Dolores eres virgen poderosa a la vez que acogedora y fiel, tú, Santísima Virgen, eres ideal de santidad y trono de la sabiduría.


…Y de madrugada, cuando aún queda en la calle el eco de la última saeta, el Cristo del Perdón y la Pobreza saldrá en un siempre nuevo itinerario para acercarnos a esas cofradías pretéritas que surcaban las calles de España bajo la luz de antorchas, sin música, ni adornos, sin lujos, en sobria penitencia, lamentando la muerte de Nuestro Señor.


En realidad es un día especial para FN, para nuestros pueblos y para los cristianos en general. No olvidemos que este día se conmemora la muerte de Nuestro Señor. Cuando se abren las puertas de Santa Marina, al abrir el día, la mirada dulce de Jesús Nazareno rasga nuestros corazones.


No hay sonidos metálicos o estridentes, no hay oro ni plata, no hay música, no hay fulgores, ni vivas, ni saetas; solo la oración callada y expiatoria en cada una de las estaciones del vía crucis que tus nazarenos rezan junto a la multitud de fieles que te acompañan.


Así, recostado a los pies de tu madre con sus lágrimas eternamente cuajadas por el dolor en su cara. La soledad de tu madre pesa aún más que la losa del sepulcro. ¿Dónde están los que el domingo te aclamaban entre palmas y ramas de olivo? Y tú, María… otra vez sola.


¡Las campanas tienen siempre que repicar, los cohetes seguir proclamándolo y la cofradía de los nazarenos blancos debe otra vez expresar su júbilo por el triunfo sobre la muerte!.


A los cofrades y nazarenos anónimos que nunca faltan cuando se les necesita, a los que no llamamos porque siempre están, a los que nunca recibirán una distinción o agradecimiento público, porque su generosidad esta sobradamente recompensada y sobre todo, a la generación que empieza a acercarse al misterio de la Semana Santa quiero dedicar mis palabras...."

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