sábado, 14 de febrero de 2009

VIA CRUCIS

Este Via Crucis es el habitual que hacemos en nuestra Estación de Penitencia, aunque según las circunstancias podemos variarlo entre otros muchos.
Aquel que conozca Fernán Núñez, podrá reconocer en el, alusiones directas a lugares, monumentos y a todas las imágenes de dolorosas de esta localidad.
I. Jesús es condenado a muerte
Silencio. Señor.
Un año más estoy a tu lado para acompañarte en tu estación de penitencia.
Estoy solo, con mi túnica nazarena junto a ti, Cristo de la Buena Muerte y no tengo palabras que decirte... Serían inútiles y me asusta lastimarte de nuevo. Voy a conde-narme yo mismo contigo, pues sólo quien acepta la sentencia que Tú sufriste obtendrá la gracia de seguir tus huellas, de morir a sí mismo y contigo, de resu-citar en ti.
Fuiste condenado a muerte para que aprendiéra-mos a aceptar nuestro destino. Enséñanos esta noche a seguir-te, a no apartarnos un momento de tu senda, a morir poco a poco a tu lado.

II. Jesús es cargado con la cruz
Sea mi cruz la que tú me escogiste y mi hombro de costalero el que lleve tu paso. Quiero reci-birla de tus manos, que me darán también fuer-za para sostenerla, júbilo para ocultarla y amor pa-ra sonreír bajo su peso, como si llevase en mis hom-bros un rosal perfumado.
No temo el dolor, porque tú vas sobre mi. Tus pies liman las asperezas del camino y señalan el atajo por donde tú pasaste, la ruta inefable que te condujo a la gloria del Padre y que dejaste abierta pa-ra todos. ¡Sea nuestra cruz, Señor, la que tú has dis-puesto!

III. Jesús cae bajo el peso de la cruz
¿Qué piedra te detiene? ¿Qué obstáculo te hace tropezar a ti, decidido a apurar el cáliz hasta el ultimo poso? Caíste abrumado por un peso más grande que el de esa cruz, un peso agobiante, im-placable. Toda la Humanidad sobre tus hombros frágiles y heridos, consumiéndolos, despojándolos de su energía.
Y hay un momento en que la tierra áspera es un alivio para tus sienes que laten descompasadas; un momento en que el polvo, más compasivo que los hombres, restaña tu sudor, tus lágrimas y tu sangre.
Sea esta calle Nueva aquel suelo agrietado que debió de esponjarse dul-cemente al recibirte, soñando ser, para ti, una mu-llida y fragante pradera.

IV. Jesús encuentra a su Madre
Junto a la Veracruz, tu llanto silencioso cae lentamente, apretada-mente —grueso rocío nocturno, sin revolar de pájaros ni temblor de frondas—, lágrima desespera-da porque sabe que se romperá sin remedio sobre unas rocas áridas, y que no va a florecer...
No puedes acunar tu dolor con sueños, ni con ilusiones. Conoces el fin hasta su terror último y vas a él, te ofreces a él, vulnerable, desnuda, echando el apoyo pueril del clamor, del grito, de la compasión ajena. Y entre lágrima y lágrima tienes los ojos secos, ardientes, encendidos por una llama que te obliga a mirar, a desgarrarte y sufrir.
Hay quien habla de tus siete dolores. ¿Qué sa-ben ellos? Eres todo el dolor, la suprema amargu-ra, eres el Amor que sabe compartir, compadecer y

V. El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Ya pasamos el cerro y el peso empieza a sentirse. ¿Hay acaso alguna cruz que pueda llevarse a medias? El leño que no pesa, el que no in-crusta sus aristas profundamente en los hombros, el que no lastima el cuerpo y el alma hasta en las vetas más hondas, no merece el nombre de cruz. Por eso yo sé muy bien que si aceptaste aquel ade-mán no fue por ti, fue sólo por nosotros. Para ayudarnos dándonos el júbilo inmenso de querer ayudarte...
Y si nos tiendes la cruz no es porque no puedas con ella; es, al contrario, porque sólo seremos ca-paces nosotros, tus costaleros, de sostenerla si nos viene de tus manos, si la re-cibimos como una prenda inefable de tu amor y del nuestro... Trueque de cruces. nupcias tuyas, nues-tras, con el dolor.

VI. La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Quisiera mirarte en silencio y hora tras hora, in-cansablemente, absorbiendo en mí la luz y la realidad de tu rostro. Mirarte sin que nada interrumpa mi contemplación, ni una idea, ni un sentimiento...
Sin que ninguna imagen que no seas tú ocupe esta noche el paisaje de mi mente.
Enjugarte el dolor sin un solo gesto, con el ansia de mi corazón enamorado, con la pureza de mi deseo que no se atreve a buscar su expresión para que ni si-quiera un hálito lo empañe...
Grabarte en mí como un espejo para que todo lo que no seas tú resbale sobre tu imagen y se desva-nezca. Para que solo tú quedes victorioso en mí.

VII. Segunda caída
Caíste de nuevo como un tronco al que no pudo abatir el leñador de un primer golpe. Te veo en tierra y me invade, junto a una piedad infinita, una confianza inefable que hace reposar de dulzura mi corazón.
Mientras camino tras de ti, con mi cirio iluminando tu más negra noche, y al contemplarte siento que, aunque yo caiga otra vez, mil veces, tú estarás a mi lado y que, con tu auxilio, podré levantarme siempre, alzar los ojos a ti y, al encontrar los tuyos, bañarme en sus pupilas, dejar en ellas el polvo del camino, recobrar la anti-gua pureza, renacer amparada por tu misericordia, por tu paciencia, acogerme a esa mansedumbre que nos rinde a tus plantas y nos entrega a ti sin remedio.

VIII. Jesús consuela a las mujeres
Que el otoño no siegue nuestras hojas, Señor! Queremos ser, como tú, leña verde, fragante, derramando savia. Que el hacha del sufrimiento, al desgajarnos, se impregne de aromas. Dános a rau-dales la vida de tu gracia, para que no escuchemos ja-más de tus labios la maldición de la higuera.
¿Y qué fruto puede brotar de nuestras ramas sin tu ayuda y apoyo? Haz que lloremos por ti hacia adentro, con nuestras velas en la mano y sin lágrimas, con un dolor verdadero que trascienda a todos nuestros actos y nos redima de llorar más tarde sobre la propia muerte.

IX. Tercera caída
La cruz se clava en mi hombro. Las cadenas cada vez me cuesta más arrastrarlas. La almohadilla apenas amortigua tu peso. Sólo te faltan unos pasos, muy pocos... Pero, ¿quién no desfallece al último momento, cuando todo en nuestro mundo parece inmovilizarse, con-centrándose en torno del sacrificio? Ya no hay ma-nera de volver atrás, de poseer nuevamente aquello a lo que se ha renunciado.
El universo entero retrocede, nos abandona. Es-tamos solos a orillas de algo implacable, descono-cido, cruel; y antes de ofrecernos, de dejarnos de-vorar voluntariamente, lanzamos un postrer clamor.
Pero tú no gritas, no protestas. La ofrenda viva de tu cuerpo se ha consumado ya, y permaneces en tierra, vacío de ti mismo, dispuesto a no ser para que nosotros seamos, a abrirnos la senda de la re-cuperación y el amor.

X. Jesús es despojado de sus vestiduras
Mientras te miro desde la calle, desde mi ventana o entrevisto tras mi antifaz nazareno, algo ampara tu desnudez de la violencia...
Te yergues sobre todos como un rayo de luz, como un haz intacto de secretos resplando-res. Tu pureza irradia su blancura entre la su-ciedad, la traición, las mezquindades. Te alzas como una antorcha alumbrando la senda para los que quieren aún seguirte. Y entre tantos ros-tros que deforman la ira, el odio o la codicia, eres, indefenso, salpicado de injurias, el único signo de paz. ¡Blancura de tu frente ensangren-tada, de tu cuerpo herido! Límpianos, Señor, con tu mirada, purifica hasta el último rincón de nuestras mentes, grábate en ellas, desnudo, si-lencioso, intocado...

XI. Jesús es clavado en la cruz
¡Clávanos en la cruz de tu voluntad! Un clavo pa-ra cada sentido, cada pasión, cada deseo... ¡Si supiéramos tendernos inmóviles sobre ese lecho donde tú te tendiste, abriendo los brazos en un ade-mán de amor absoluto...!
Pero siempre frustramos tu generosidad con nues-tra obligación o nuestras inquietudes. Queremos amarte a nuestro modo, sufrir a nuestro gusto, como si el dolor y la propia satisfacción fueran compati-bles... Como si tú hubieras elegido... Ofreciste al verdugo tus pies, tus manos, todo tu cuerpo y, pri-mero que nada, tu corazón...
¿Pues qué valen todos los martirios si el co-razón se escuda y esquiva? Que el primer mar-tillazo nos caiga en mitad del pecho derribán-donos sin piedad, totalmente. Rendirse a tu mer-ced es rendirte, hacernos tuyos, para que seas nuestro.

XII. Jesús muere en la cruz
Junto a Nuestra patrona Santa Marina que muerte más victoriosa la tuya. Pero el triunfo de-rramado en tus venas se ocultaba celosa-mente, y para los que te vieron eras sólo un des-pojo humano, unos restos inútiles... Dios sin vida para hacemos vivir. Dejaste de alentar para infun-dirnos aliento.
Te sometiste al abandono, a la traición, al de-samparo, para que cifremos nuestra dicha en sen-tirnos abandonados, traicionados, desvalidos. Y nuestra desconfianza es tan grande que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la po-sibilidad de morir.
No olvidemos que, en tu muerte, tu Buena Muerte, nos abriste las puertas de ti mismo y la mansión de tu amor.

XIII. María con Jesús muerto en los brazos
Era tu carne, tu sangre deshecha, martirizada; tu vida y la de Dios; tu gloria y la del cielo. Y de to-do solamente quedaba en tus brazos un cadáver mal-trecho, una frialdad incontenible que te iba inva-diendo inexorablemente.
Y en ese momento concedido a las tinieblas em-pezabas a ser nuestra Madre, a cobijarnos en el regazo de tu dolor, en tu soledad, en tu angustia, en esa paz y esperanza, en tu tránsito y todo un rosario de nombres. Y por eso tus lágrimas no acabarían de caer nunca. Se te cuajaron en la cara al presentir que te necesi-tábamos, que no dejarías nunca de ser Madre, que tu maternidad prodigiosa se ensanchaba, floreciéndote nuevamente los senos, ¡oh redentora de los redimidos!

XIV. Jesús es sepultado
¿Junto al templo acaba nuestra penitencia?.
Nos llamas ahora desde esa piedra que te ciñe, aislándote por un breve plazo de todo. Porque para resucitar contigo hay que sepultarse primero, en-terrar hondo los gritos de la carne, seguirte en tu pa-sión y hasta tu muerte.
Pronto volveré a casa con todos, nazarenos, costaleros y los que esta noche te hemos acompañado por nuestro pueblo, tu pueblo.
Y saber que estás ahí aunque no te sienta, aunque nos falte tu sombra, tu contigüidad, tu recuerdo. Danos un año más la fe que resiste a todas las tentaciones, que no se quebranta aunque el mundo entero se alce contra ella, esa fe que surca los mares y traspasa los mon-tes, porque sabe muy bien que, al marcharte, per-maneciste entre nosotros...

jueves, 12 de febrero de 2009

Reunión Cofradía


El próximo domingo día 15 de febrero nos reuniremos en salón parroquial de Romero de Torres a las 13 hs con este orden del día:


  1. Lectura y aprobación si procede, del acta anterior.
  2. Estado de cuentas
  3. Preparción de Cultos.
  4. Distribución de Carreras oficiales.
  5. Organización de la procesión
  6. Informe del Hermano Mayor
  7. Ruegos y preguntas.

Nuestro Titular

CRISTO DE LA BUENA MUERTE
Talla de Francisco Bonilla Villalba
Parroquia de Santa Marina de Aguas Santas
Fernán Núñez (Córdoba)
La imagen del Santísimo cristo de la Buena Muerte es una soberbia talla de un crucificado de tres clavos en tamaño natural de extraordinaria factura y correcta anatomía. Posee fuertes connotaciones del barroco castellano del siglo XVII. La corona está tallada, y con la cara caída y vuelta a la derecha. El sudario es también tallado y anudado a la derecha, policromado en color marfil con estrellitas doradas. Llama poderosamente la atención su magnifica policromía verde azulada propia de un cadáver.

El Autor: Francisco Bonilla
Francisco Eugenio Bonilla Villalba nació en Fernán Núñez en 1919. Su primer contacto con la arcilla fue en el tejar de Antonio Gallego. Posteriormente trabajó de “folleque” en la fragua de Joaquín Galán, donde toma contacto con el metal y sus posibilidades expresivas.
La guerra dejará una profunda huella en su estómago que marcará el resto de su vida. Tras acabar el bachillerato, en 1937 ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, de allí se trasladó a Sevilla, para estudiar en la Escuela de “Santa Isabel de Hungría” y después marcharía a Madrid, para proseguir su formación en la Escuela de Bellas Artes de “San Fernando”, donde realiza la especialidad de Escultura. Sus continuos problemas de salud dificultaron enormemente su desenvolvimiento profesional, imposibilitándole para explotar por completo las excepcionales capacidades artísticas que poseía. A pesar de los padecimientos que hubo de sufrir a lo largo de su vida, su combativa naturaleza se sobrepuso a las distintas adversidades, aunque su obra escultórica quedara, en lo sucesivo, condicionada por éstas dolencias, ya que no podrá acometer proyectos de gran volumen, para lo que, sin duda, estaba magníficamente cualificado, como podemos constatar en las escasas realizaciones de gran formato que, excepcionalmente, llegó a realizar. Aniano Pérez Comendador ejerció como enseñante una poderosa influencia sobre el joven, hasta el extremo de que la primera etapa de Bonilla se caracterizó por una consideración temática y estilística similar a la de su maestro, una escultura figurativa de tono modernista, que bebía directamente de las fuentes mediterráneas. Posteriormente, vino a definir sus trabajos desde una óptica realista donde, a veces, también había lugar para una cierta idealización en la resolución final de los motivos. Los retratos y el desnudo fue­ron los temas preferidos en esta etapa. Durante una etapa de su vida, la que sigue cronológicamente a su recuperación, se centró casi obsesivamente en la imaginería, realizando importantes esculturas. En 1955 realiza su primera y posiblemente la mejor obra de este tipo, la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de un tremendo patetismo y de dulzura impresionante, tallada en madera y que donó al pueblo. En 1961 realiza por encargo de la cofradía la imagen de Nuestro Padre Jesús Caído, también obra magistral tallada también en madera, con un rostro que transfigura dolor y esperanza, dulzura y comprensión. Estas dos obras bastarían para que el nombre de Francisco Bonilla quede inscrito en la nómina de los más famosos imagineros andaluces. Un proyecto, tristemente no realizado, fue el de un Descendimiento, grupo escultórico con cinco imágenes que pensaba realizar para la Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad. Quizás la temática más querida por Francisco Bonilla fuera la animalística, en la que se instituye como uno de los más cualificados intérpretes de nuestro país. Si alguien ha sabido captar en toda su exquisitez la belleza del arte taurino y la majestuosidad de los animales salvajes que habitan nuestras sierras, ese ha sido precisamente Francisco Bonilla Francisco Bonilla murió en 1979 y muchas obras quedaron durmiendo en el barro del boceto. La Agru­pación de Cofradías le concedió a titulo póstumo el nombramiento de hermano mayor honorario, y el Ayuntamiento rotuló con su nombre la calle en que nació.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Estación de Penitencia

NUESTRO RECORRIDO PROCESIONAL

Sábado Santo, 0 hs.El Cristo de la Buena Muerte se encuentra en el cancel de la iglesia de Sta. Marina. Pronto comenzará un año más, su Estación de penitencia por las calles de Fernán Núñez.

Ya ha salido. Jesús está muerto. Las tinieblas abrazan su noble figura que avanza lentamente mecida por esforzados costaleros.

La calle Angel Espejo es uno de los mejores sitios para ver el desfile procesional. El silencio sólo queda roto por el arrastrar de cadenas de los nazarenos y el ronco redoble del tambor que marca el paso de los costaleros.

El incienso perfuma el paso del Stmo. Cristo, que se alza majestuoso sore su magnifico paso. Es el momento de la reflexión callada del cofrade.

La corneta indica el comienzo de una nueva estación del Via Crucis. La meditación sobre la pasión y muerte de Jesús llena todo el recorrido. Los cofrades rezan en silencio. Padre Nuestro...

La figura de Jesús crucificado se recorta sobre el cielo iluminado sólo por cuatro grandes hachones.Jesús comienza a subir el cerro entanto las campanas de la parroquia de la Veracruz doblan a muerte.

El paso del Cristo está llegando a la plazoleta de la Veracruz. Es la una de la madrugada y aún queda bastante recorrido.

La magnífica anatomía que tallara Francisco Bonilla se recorta en las fachadas de la calle Veracruz, que en su angostura, recoge y dá calor al desfile procesional.

La calle San Marcos permite al visitante contemplar en su verdadera magnitud el cortejo que acompaña en su lento caminar,al Señor del Silencio.

El nazareno. El verdadero y anónimo protagonista de la Semana Santa. Cadenas en los pies, cruces al hombro y silencio, estos son los nazarenos de la Buena Muerte.

En la Calle San Sebastián contemplamos los cientos de personas que acompañan el cortejo fúnebre de Ntro. Señor, con una vela en mano y una plegaria en los labios.

Son las dos y media. Décimoprimera Estación. Jesús es clavado en la cruz. El regreso al templo ha comenzado.

La estrecha calle que accede al paseo de Santa Marina abriga al Señor crucificado y muerto para redención de nuestras almas.

El Cristo de la Buena Muerte tiene su calvario en el paseo. En Fernán Núñez siempre murió allí. Décimosegunda estación: Jesús muere en la cruz.

Nuestra patrona, Santa Marina, desde su triunfo, contempla el sufrimiento Jesús hecho hombre y muerto para redención de nuestro pecados.

Son casi las tres de la madrugada. El Stmo. Cristo de la Buena Muerte ha concluído un año más su recorrido por las calles de Fernán Núñez.Una última oración por todos aquellos que ya no lo pueden ver.

Historia






HISTORIA DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA BUENA MUERTE DE FERNÁN NÚÑEZ.
(1953 - 2003)

(1953 - 1962)
La Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte comienza su andadura el diez de mayo de 1953, cuando un grupo de activos cristianos de la localidad se reúnen por primera vez en el archivo parroquial con el ambicioso objetivo de constituirse en cofradía de penitencia, aprobándose en esta misma sesión el nombre de la misma, los estatutos, la parroquia donde se establece desde su origen y el día que hará estación de penitencia: el Viernes Santo a las 1´00 horas de la madrugada. En esta misma reunión se constituyó su primera junta de gobierno encabezada por D. Germán Fernández Sánchez como primer Hermano Mayor. A partir de este momento comienza a escribirse la historia de esta ejemplar cofradía, no sólo por su estación de penitencia, sino por la dimensión humana y espiritual de las personas que la pusieron en marcha. También se ofrecen desde este momento los cargos de Hermano Mayor Honorario al Excmo. Ayuntamiento de Fernán Núñez, a D. Manuel Falcó y Anchorena -Duque de Fernán Núñez- y a su madre, Dª Mercedes Anchorena, el de Camarera de honor. Es importante reseñar que a partir de marzo de 1955 queda establecida dentro de la cofradía la sección de mujeres. Desde este momento la mujer tiene los mismos derechos que los hombres en la cofradía, quedando regulada y establecida su incorporación plena. El Cristo llegó a Fernán Núñez el día 30 de marzo de 1955. Ese mismo día fue bendecida la imagen en un solemne acto por el Obispo de Córdoba D. Fray Albino González Menéndez-Reigada. A la una de la madrugada del Viernes Santo, día ocho de abril, hace su primera salida procesional la cofradía del Stmo. Cristo de la Buena Muerte, presidiendo el desfile el Sr. Bonilla Villalba y el párroco de Santa marina D. Luis Arroyo Carrillo, constituyendo esta primera salida todo un acontecimiento por el recogimiento, fervor, devoción, orden y silencio con que trascurrió, de tal manera que desde este momento la cofradía pasó a ser llamada popularmente como "el silencio", apelativo que queda definitivamente asociado a la misma. A partir de este momento comienza esta cofradía a enraizar en la localidad, estableciendo sus características y peculiaridades (austero hábito, la prohibición de sonidos metálicos , la no utilización de ningún material considerado noble o lujoso, el rezo de vía crucis, etc.) hasta la fecha de hoy, siendo una de las que más profundamente han calado en el sentir popular, como se puede apreciar año tras año en la larga fila de personas que la acompañan con la luz de sus velas y su oración en el desfile procesional. Entre los años 1956 y 1962 la cofradía va caminado con paso firme y decidido en nuestra Semana Mayor, siendo reseñables el cambio de día de salida por modificación de la liturgia, pasando del Viernes al Sábado Santo a la hora establecida con anterioridad y el nombramiento de D. Francisco Bonilla Villalba como Hermano Mayor con carácter perpetuo. Hasta 1962 dura este período de génesis y establecimiento de la cofradía, empezando en ese momento una nueva época que ocupará prácticamente las dos décadas siguientes. Se inicia esta segunda época con el cambio de residencia, por motivos laborales, del que hasta entonces había sido Hermano Mayor y verdadero artífice y motor de la cofradía, D. Germán Fernández Sánchez.


(1963 - 1982)
El día tres de marzo de 1963 se convoca la asamblea general de hermanos para elegir nuevo Hermano Mayor, recayendo el cargo en la persona de D. Bartolomé Almenara Laguna. En esta misma sesión se aprobó por unanimidad el nombramiento del que fuera Hermano Mayor, D. Germán Fernández Sánchez como Hermano Mayor Honorario.
El período siguiente viene definido por la consolidación de la hermandad entre las cofradías históricas de Fernán Núñez. La finalización de la década de los sesenta señala un punto a partir del cual la cofradía entra en un largo estado de postración que llega hasta principios de los años ochenta. Una de las causas que se puede argumentar para explicar este lento declive. Por un lado esta la crisis espiritual que se produce en la religiosidad popular desde los años sesenta hasta bien entrada la década posterior. Por otro lado están los motivos internos de la propia cofradía, siendo fundamental la dispersión que sufre la junta de gobierno por los cambios de residencia de sus miembros y de los hermanos fundadores, y por otro lado la progresiva dejadez que la mayoría de estas personas hace de sus funciones. Hay que reconocer el tesón y devoción al Santísimo Cristo de la Buena Muerte profesado por el que fue Hermano Mayor durante 19 años, D. Bartolomé Almenara, que durante esta época y ayudado por pocos, muy pocos, puso todo el empeño y esfuerzo por sustentar la cofradía con la que se había comprometido desde hacía muchos años. A principios de los ochenta entra la cofradía en su punto más crítico, baste como muestra decir que en estos años contó la cofradía con unos quince nazarenos. Todas estas circunstancias, unidas al cansancio por parte del Hermano Mayor son las que motivaron su renuncia en 1982.

(1983 - 1988)
El día 18 de abril de 1982 se celebra la junta general de la cofradía en la que se nombra nuevo Hermano Mayor, recayendo el cargo en D. José Alfonso Cosano Jurado. Este punto señala el comienzo de un nuevo ciclo en la cofradía fundamentalmente por la incorporación de una nueva directiva muy joven aunque falta de experiencia, que a costa de trabajo y esfuerzo ha sabido darle la estabilidad y relevancia que goza hoy en día. El día 23 de mayo de 1982 toma posesión de sus funciones la nueva junta de gobierno y se empiezan a apreciar los primeros síntomas de cambio en su funcionamiento. Este cambio se manifiesta en el encargo de un nuevo armazón para las andas, la realización de cuatro faroles de hierro forjado y sobredorado, la equiparación de la cuota anual con las del resto de cofradías de la localidad y en 1983, el cambio de la hora de salida de la procesión, pasando de la 1 a las 0 horas del sábado santo. En 1985 debemos señalar que la imagen del Cristo anunció la Semana Santa de Fernán Núñez y la compra este mismo año de 2 metros cúbicos de caoba brasileña para lo que en el futuro será la talla del paso que actualmente procesiona. Es de relevancia también en el mismo año el cambio, después de 30 años, del recorrido de la cofradía debido a la escasa altura de los cables del tendido eléctrico y telefónico. Mención especial hay que hacer de la Semana Santa de 1986. Por primera vez en su historia, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte no salió a la calle por causa de la lluvia. La junta directiva decidió realizar la estación de penitencia y vía crucis en el interior del templo, satisfaciendo de esta manera a la gran cantidad de personas que esperaban bajo los paraguas en la puerta para ver y acompañar a la cofradía. El titular fue llevado por sus costaleros hasta el centro del templo, y allí, comenzó el que para muchos cofrades y devotos, fue el vía crucis más sentido y hermoso que se recuerda.

(1989 - 1998)
Tras una remodelación en 1989 de la junta de gobierno, comienza una década marcada por algunos de los proyectos más importantes de la cofradía: estatutos, tener una capilla en la parroquia y el nuevo paso procesional.
En 1991 son aprobados en cabildo general los nuevos estatutos de la cofradía y poco después, presentados en el obispado, empezando aquí un largo recorrido plagado de correcciones y redacciones nuevas de los mismos. Se vuelven a redactar y aprobar por el cabildo en 1996, siendo de nuevo rechazados al año siguiente. No cejando la directiva en el empeño, se reúne un nuevo cabildo en 1999 volviendo a ser aprobados junto al nuevo reglamento de régimen interno, aunque esta vez, como se verá mas adelante será definitiva. Referente a la capilla, su consecución, al igual que la aprobación de los estatutos, parece tornarse eterna. La imagen del Santísimo Cristo estuvo situada hasta abril de 1980 en el altar mayor de la iglesia de Santa Marina y con esta fecha fue trasladada al testero que hasta el día de hoy ocupa. Desde entonces la junta de gobierno ha intentado buscarle un lugar más apropiado dentro del templo ya que junto a la imagen de Jesús Nazareno, son las únicas establecidas canónicamente en la parroquia. En 1991 se remite un escrito a los párrocos en este sentido que no encuentra respuesta, por lo que cuatro años después se vuelve a solicitar obteniendo el mismo resultado. Una vez más en 1997 se vuelve a remitir, esta vez acompañado de un proyecto de capilla y un estudio histórico del uso y advocaciones de todas las capillas de la iglesia. Desde ese momento la cofradía sigue esperando una respuesta. Mas suerte tuvo la cofradía respecto al nuevo paso, claro que esta vez dependía exclusivamente de sus miembros. Fue en 1997 cuando una comisión nombrada al efecto da cuenta a la junta directiva de las visitas hechas a los talleres de distintos artistas, de sus proyectos y presupuestos. Una vez revisados estos datos se acordó en la reunión invitar a D. Andrés Valverde Luján a presentar su proyecto a todos los miembros de la junta que lo aprobaron unánimemente. El paso es estrenado en el año 1998 solo acabado en carpintería, y un año después se tallan los casetones del mismo. Consecuencia directa de la realización de las andas es el incremento del nº de costaleros, pasando de 16 a 28 personas. De esta forma, el viejo sueño gestado en 1982, se va haciendo palpable aunque no será concluido del todo hasta el año 2002. En la década que nos ocupa es de reseñar también que la imagen del titular fue trasladada a Córdoba en 1991 para la exposición "La Pasión de un Pueblo" organizada por la cordobesa cofradía de La Merced en colaboración con la Diputación Provincial. En 1992 fueron restauradas las potencias por el platero cordobés D. José Villafuerte, y un año después se realiza una nueva bandera. El año ve la publicación del artículo "Sábado Santo en Fernán Núñez, Buena Muerte y Silencio" en la revista Alto Guadalquivir obra del profesor y académico D. José Cosano Moyano. En 1996, y en precaución a las posibles consecuencias del mal tiempo que hubo en la tarde del Viernes Santo, la junta de gobierno decide a última hora un recorrido alternativo al habitual procurando estar lo más cerca posible de la parroquia. Este recorrido, una vez realizado y siendo del agrado de todos fue establecido como el oficial de la Cofradía a partir del año siguiente. En esta década se establecen también con diferentes cofradías de España con la misma advocación del Cristo de la Buena Muerte como las de Córdoba, Benamejí, Villanueva de Córdoba, San Roque, Bollullos del Condado, Alicante, Medina Sidonia y Almuñécar. En 1998 fue estrenado el medallón central de la cruz de guía. Consta de una calavera sobre dos fémures cruzados, todo inscrito dentro de la leyenda "Sancta Fraternitas Penitentiae Christi Bonae Mortis", nombre latino de la Cofradía.

(1999 - 2003)
La última etapa viene definida por los cuatro últimos años (1999-2003) y su inicio tiene lugar con el nombramiento como Hermano Mayor de D. Alfonso Cosano Laguna.
Su nombramiento se hace efectivo el día 25 de abril de 1999 en el cabildo general celebrado al efecto y con un amplio respaldo de firmas de miembros activos tal y como marcan sus estatutos. Un mes después queda constituida la junta de gobierno y se establece el programa de actuación para los cuatro años siguientes, programa que básicamente continua, si bien con mejor suerte, el programa del anterior Hermano Mayor: capilla, estatutos, terminación del paso y celebración del 50 aniversario fundacional. El primer asunto, el Hermano Mayor desde su toma de posesión, decide hacerlo prioritario a todos los demás. Sin embargo hasta el día de la fecha no ha habido ninguna respuesta por parte de la jerarquía eclesiástica local, siguiendo la cofradía a la espera de materializar tan anhelado sueño. Los estatutos fueron vueltos a revisar por el cabildo en 1999 y presentados de nuevo. La fortuna esta vez estaba de parte de la cofradía, ya que estos fueron aprobados, así como la erección canónica, por S.E.R. D. Francisco Javier Martínez Fernández, Obispo de Córdoba, el día 24 de mayo del año 2001, quedando el día 1 de abril de 2002 registrada en el Ministerio de Justicia como entidad religiosa, culminando de esta forma el proceso iniciado el año 1991. El paso procesional se estreno completamente acabado en la madrugada del 30 de marzo, Sábado Santo, del año 2002, siendo bendecido poco antes de salir por el Rvdo. Sr. D. Javier Muñoz Muñoz, vicario de Santa Marina. Esta obra, es un magnífico trono de estilo renacentista. Consta de mesa, un piso y calvario, siendo una obra excepcional por su fondeada talla, el juego de volúmenes y magnífica pátina que acrecienta la plasticidad de sus clásicas formas -frutas, columnas, acantos, mascarones, cintas y guirnaldas- dentro de su sobriedad clásica y sin estridedencias formales, sin duda más llamativas y tan de moda, pero menos acertadas, quedando como muestra precisa y preciosa del buen hacer del hermano de la cofradía D. Andrés Valverde. Con referencia al cincuenta aniversario de la fundación de la cofradía, la junta de gobierno se ha esmerado especialmente en la confección de un variado programa de actos a celebrar de forma paralela a los solemnes cultos que se preparan. En el último período consignamos también el estreno en la Semana Santa del año 2001 de los fémures y calavera como últimos atributos incorporados al desfile, y del nuevo INRI de la cruz del cristo. También señalamos las venias solicitadas a las dos últimas cofradías que se han incorporado a nuestra Semana Santa: Ntro.Padre Jesús en su Coronación de Espinas y Virgen de la Angustias en el 2001 y Jesús de la s Penas y Mª. Stma. de las Lágrimas en el 2002